Los microplásticos lo contaminan todo. Pero ¿sabemos cuál es su daño ambiental?

Microplásticos

Los microplásticos lo contaminan todo. Pero ¿sabemos cuál es su daño ambiental?

Cada año se vierten al medio natural millones de toneladas de fragmentos de plástico, una polución que se ha extendido por todo el planeta. Pero con miles de estudios publicados, los científicos aún están investigando cuáles son los efectos concretos de la contaminación microplástica en el medio ambiente.

La contaminación microplástica ha llegado a todos los rincones del planeta. / Wikimedia Commons | Oregon State University
La contaminación microplástica ha llegado a todos los rincones del planeta (Foto: Wikimedia Commons - Oregon State University)

Si toda contaminación es intrínsecamente negativa, y si los residuos plásticos son un problema global de nuestra era, no parece necesario demostrar que la polución microplástica es dañina. Pero ¿cuánto y cómo?

No basta con dar por hechos los perjuicios medioambientales de un contaminante concreto; es necesario demostrar cuáles son, de qué índole y en qué magnitud. Solo conociendo los datos es posible saber si existen márgenes de seguridad, y de qué modo y en qué medida un nivel concreto de contaminación afectará al entorno natural.

En 2004 se describió la contaminación microplástica, pero aún no había datos para valorar sus efectos en el medio ambiente

Veinte años de microplásticos

En 2004 el biólogo marino Richard Thompson, de la Universidad de Plymouth (Reino unido), encabezaba una investigación que descubría una abundancia de contaminación por fragmentos microscópicos de plástico en los litorales de Gran Bretaña. En el pequeño estudio publicado en Science se utilizaba por primera vez el término microplásticos, una categoría que quedaría definida por un rango de tamaño entre 5 milímetros y 1 micrómetro o milésima de milímetro. Los pedazos más pequeños se clasifican como nanoplásticos.

Pero aunque Thompson y sus colaboradores comprobaban en su investigación que estos minúsculos contaminantes podían ser ingeridos por los organismos marinos, aún no tenían datos para valorar cuáles podían ser sus efectos en el medio ambiente: “Se necesita más trabajo para establecer si existen consecuencias medioambientales de estos residuos”, escribían.

Hasta el último rincón

Dos decenios después, se han publicado más de 7 000 estudios sobre contaminación microplástica, según recogían Thompson y sus colaboradores en una revisión publicada en 2024, con motivo del 20º aniversario del artículo original. Esas investigaciones han dibujado un panorama completo del problema: cada año se emiten al medio entre 10 y 40 millones de toneladas de microplásticos, una cantidad que se duplicará para 2040.

Los modelos predictivos indican posibles daños a gran escala en un periodo de 70 a 100 años, pero los análisis de riesgos detallados aún son limitados

Las fuentes se reparten entre los microplásticos primarios, que incluyen componentes de los cosméticos, pinturas o pellets, y los secundarios procedentes del desgaste de neumáticos o fibras textiles y de la ruptura mecánica de toda la basura plástica. Los microplásticos han invadido hasta el último rincón de la Tierra y se han hallado en 1 300 especies acuáticas y terrestres, así como en múltiples órganos y tejidos humanos.

Pero ¿cuánto se ha avanzado en la evaluación de los riesgos ambientales? Los modelos predictivos indican posibles daños a gran escala en un periodo de 70 a 100 años. Se ha documentado la bioacumulación de los microplásticos y su toxicidad en experimentos de laboratorio. Pero a pesar de que su impacto en la salud ya figura entre las grandes preocupaciones del público, según Thompson “los análisis de riesgos detallados son limitados porque los datos sobre exposición y efectos son incompletos”.

Más plástico, menos comida

En la misma línea, otra revisión reciente sobre el progreso en el testado de los efectos de los microplásticos concluye que la calidad de estos estudios está mejorando gradualmente, pero que muchos de los problemas de estas investigaciones identificados en 2016 aún eran relevantes en 2024, lo que incluye comparaciones que, según los autores, equivalen a “comparar peras con manzanas”.

Un estudio calcula que la contaminación microplástica podría disminuir de un 4 a un 14 % las cosechas de arroz, trigo o maíz

Un ejemplo de los intentos de definir y cuantificar los daños ambientales concretos de los microplásticos es la estimación de su efecto sobre la fotosíntesis, de la cual depende la productividad de los ecosistemas, tanto en agua como en tierra. En un trabajo publicado en la revista PNAS, investigadores de la Universidad de Nanjing y de la Academia China de Ciencias han reunido más de 3 000 observaciones de 157 estudios sobre el efecto de los microplásticos en las plantas.

Aplicando un algoritmo de Inteligencia Artificial para extrapolar los resultados, los autores concluyen que los microplásticos reducen la fotosíntesis en plantas terrestres y en algas de agua dulce y marina entre un 7 y un 12 %, lo que podría disminuir de un 4 a un 14 % las cosechas de arroz, trigo o maíz.

Según vayamos disponiendo de más conjuntos de datos experimentales de campo, se establecerá un vínculo más claro entre la polución plástica y la salud de los ecosistemas / Huan Zhong, Universidad de Nanjing

Datos discutibles

Se trata posiblemente del primer estudio que analiza el impacto de los microplásticos en algo tan específico y crucial como la producción de alimentos. El coautor Huan Zhong precisa a SINC que la mayoría de los datos disponibles anteriormente se basan en experimentos de laboratorio, y no en investigaciones de campo. “Anticipamos que, según vayamos disponiendo de más conjuntos de datos experimentales de campo, se establecerá un vínculo más claro entre la polución plástica y la salud de los ecosistemas”.

Es el primer estudio que analiza el impacto de los microplásticos en la producción de alimentos, pero es difícil llegar a efectos tan precisos con una metodología rigurosa

Pero este estudio es también una muestra de la dificultad de llegar a efectos tan precisos con una metodología rigurosa que resulte convincente. Según expone a SINC Roberto Rosal, catedrático de Ingeniería Química de la Universidad de Alcalá de Henares especializado en contaminación plástica, el trabajo de los investigadores chinos es cuestionable: entre otras objeciones, las concentraciones de microplásticos son enormemente superiores a las ambientales, algunos de los plásticos incluidos no son relevantes y la toxicidad solo se estudia a corto plazo.

Principio de precaución

“Estos problemas metodológicos los sufren todos los estudios de riesgo ambiental de plásticos porque no se dispone de datos relevantes”, dice Rosal. La carencia de datos y la consecuente falta de conclusiones firmes mantienen a algunos expertos en un escepticismo respecto a la relevancia del riesgo ambiental de los microplásticos, o en la postura de que la insistencia en este problema distrae la atención de otros mucho más críticos para los ecosistemas marinos, como el cambio climático o la sobrepesca.

Debemos suponer que cualquier liberación al medio ambiente conlleva un riesgo aunque no seamos capaces de cuantificarlo aún / Roberto Rosal, Universidad de Alcalá de Henares

Sin embargo y para Rosal, las dificultades con los estudios “no quieren decir que el plástico no tenga efectos tóxicos; los puede tener tanto por el polímero como (más probablemente) por los aditivos que contiene”. Por ello, una corriente que incluye a buena parte de la comunidad científica y organismos como la Agencia Europea de Sustancias y Mezclas Químicas (ECHA) se adhiere al principio de precaución: tratar los microplásticos como sustancias peligrosas sin un umbral de seguridad.

Es decir, y hasta saber, como dice Rosal, “cuánto plástico es mucho plástico, suponer que cualquier liberación al medio ambiente conlleva un riesgo aunque no seamos capaces de cuantificarlo aún”.

Fuente: SINC

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