La crisis económica desatada por la pandemia de la covid-19 y el miedo a que acabe derivando en una crisis financiera con efectos aún más catastróficos ha vuelvo a resucitar la idea de un banco malo europeo. El último en poner sobre la mesa el debate ha sido el presidente del consejo de supervisión del Banco Central Europeo (BCE), Andrea Enria, en un artículo escrito en Financial Times.
El debate sobre un banco malo europeos es una vieja idea que ha venido rondando durante la última década pero que nunca ha logrado cuajar por la desconfianza de algunos países –entre ellos Alemania- a mutualizar pérdidas. Sin embargo, los históricos acuerdos de verano en la Unión Europea para la recuperación económica pueden haber servido como punto de inflexión para convencer a los países más reticentes.
En este entorno más solidario, Enria avisa de que “las perspectivas macroeconómicas son inciertas y no podemos descartar una recuperación débil con una acumulación significativa de préstamos incobrables”. El BCE estima que, en un escenario “severo pero plausible”, los préstamos en mora en los bancos de la eurozona podrían alcanzar los 1,4 billones de euros, muy por encima de los niveles de la crisis financiera de 2008 y de la crisis de la deuda soberana de 2011.
“Debemos prepararnos para lo peor”, cree el banquero central italiano, y “también debemos hacerlo mejor que en crisis anteriores”. En ese sentido las “empresas de gestión de activos son la herramienta que nos permitirá evitar errores del pasado”.
A juicio de Enria, “la experiencia muestra que cuando se utilizaron empresas de gestión de activos después de la crisis, los balances bancarios se liquidaron más rápidamente con una restauración más eficaz de la capacidad de los bancos para otorgar préstamos”.
“No se trata de ayudar a los bancos que asumieron riesgos excesivos y los gestionaron mal”, señala el banquero central, sino que “el objetivo es permitir que los bancos de la UE apoyen a hogares, pymes y empresas viables, y reforzar la transformación necesaria de la UE hacia una economía más verde y tecnológicamente avanzada sin que los bancos se vean abrumados por préstamos deteriorados”.
“Una empresa europea de gestión de activos es una solución eficaz. Alternativamente, una red de empresas nacionales de gestión de activos también podría apoyar la recuperación económica, si se diseña adecuadamente”. Con financiación proporcionada o garantizada por un organismo central, cada banco malo nacional, “independientemente de su ubicación, se beneficiaría de la posición crediticia de la UE y disfrutaría de un mejor acceso al mercado”.
“En el improbable caso de que un plan de este tipo acabe generando pérdidas, podríamos limitar o incluso evitar su mutualización en toda la UE. En cambio, las pérdidas podrían asignarse según la nacionalidad de los bancos originarios y cada esquema nacional correspondiente”.
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