Orgullosa de ser de la ‘Escuela Humanes’

Opinión

Orgullosa de ser de la ‘Escuela Humanes’

Ahora que el periodismo en general y el económico en particular viven tiempos difíciles y, por qué no decirlo, también revueltos por culpa de la doble crisis que atraviesan los medios (la económica global y la reconversión de la profesión por la era digital) es más necesario que nunca poner en valor la labor que han realizado los llamados periodistas de raza, los de siempre.

Carlos Humanes fue siempre de ellos, de los que preferían quedar con las fuentes a solo llamarles por teléfono, de los que insistían en contrastar la información y no creerse la primera versión de los hechos y, eso sí, de ser siempre el primero en dar la noticia, contextualizarla y explicarla para todos los públicos. Y todo ello con una información tan difícil y sensible como es la económica.

La verdad es que buena parte de lo que soy hoy se lo debo a él y a la oportunidad que me dio recién licenciada en Periodismo allá por el año 1993 con la única experiencia previa de haber estado un año en la radio, mi querida Antena 3, en la sección de local. Recuerdo que la entrevista me la hizo Jesús García, su segundo de a bordo y luego él me brindó una escueta bienvenida. Le advertí que no sabía casi nada de economía, que de hecho era la materia que menos me gustaba de cuantas había estudiado en la facultad, pero él ni se inmutó. “Si tienes ganas de trabajar y hacer periodismo, terminarás amándola”, replicó. Y así ha sido.

En los cinco años que estuve trabajando en El Boletín y después El Economista aprendí a querer eso tan abstracto de la macro, a saber por qué es tan importante contar con una buena cultura financiera y qué papel tan crucial tenemos los periodistas si queremos que una sociedad esté bien informada. Todavía recuerdo cómo ya muchos años después regañé cariñosamente a un colega de profesión de una radio cuando me dijo que claro que los del papel lo teníamos más fácil porque ellos en la radio deben comprimir información complicada en apenas un minuto. “Esa es la esencia de nuestro trabajo y es tu obligación al menos intentarlo”, le repliqué.

Pues bien, yo aprendí a sintetizar y dar apariencia de fácil a lo difícil en El Boletín y aunque a veces teníamos todos los que allí trabajábamos la sensación de que nadie nos leía y no influíamos ni pizca, gracias a Humanes, a cómo llevaba el periódico allí donde iba y lo orgulloso que siempre se sintió de su criatura, tuvo visibilidad y vaya si la tuvo. Fue pionero en el tratamiento de la información bursátil casi en tiempo real y después con El Economista en la información económica pausada y de calidad.

Con el tiempo, pasé de becaria a redactora y aunque por su timidez no era muy dado a los elogios, siempre me demostró, a su manera, su cariño y el respeto por mi trabajo. De hecho, el día que entré en su despacho a anunciarle que tenía una oferta para irme a Cinco Días no lo olvidaré nunca. “Te vas a uno de los mejores sitios para trabajar en estos momentos, me alegro mucho porque sé que te va a ir muy bien”. Casi no me lo podía creer. Era su particular forma de darme las gracias. Después, a lo largo de todos estos años cuando nos hemos visto siempre fue cariñoso y atento y sé que se alegraba de mis progresos. Él sabe que yo, a cambio, siempre dije orgullosa que él fue mi primer jefe y pregoné a los cuatro vientos que yo empecé en esto de la prensa salmón en El Boletín.

Pues, allá donde estés, querido Carlos gracias de nuevo y hasta siempre. Con orgullo, una discípula de la ‘Escuela Humanes’

*Raquel Díaz Guijarro, Jefa de Economía del Diario Cinco Días

Más información